La biotecnología: un rubro no apto para cardíacos

Carlos Alberto Gutierrez RobayoHace 10 años, Mark Pruzanski dirigía Intercept Pharmaceuticals Inc. en solitario desde su apartamento en Nueva York. En un momento, la deuda ascendía a US$100.000 mientras la empresa tenía apenas US$4,41 en su cuenta corriente.

Pero la semana pasada, la compañía de 45 empleados se convirtió en el tema del momento del sector biotecnológico, luego de que su medicamento para combatir una enfermedad del hígado tuviera buenos resultados en una prueba clínica financiada por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. En una semana, la capitalización de mercado de Intercept pasó de US$1.400 millones a US$8.600 millones.

Esta semana, sin embargo, el entusiasmo del mercado por la empresa, que aún no genera ganancias, se disipó.

Para el martes, Intercept había perdido US$3.700 millones en valor de mercado y sus acciones acumulaban una caída de 43% desde el máximo de hace unos días, luego de que los inversionistas tomaran en cuenta los riesgos de seguridad y la competencia de las grandes farmacéuticas, que podrían limitar el crecimiento de Intercept. De todos modos, la acción se ubica 252% por encima de su precio antes de que se anunciaran los resultados de las pruebas.

De una startup en apuros a una historia de éxito bursátil, Intercept es un ejemplo de los vuelcos inesperados que ocurren en la industria biotecnológica, donde la suerte se gana y se pierde de la noche a la mañana según los resultados de estudios clínicos de medicamentos que están a años de salir al mercado.

“Ha sido como estar en una montaña rusa interesante”, dijo Pruzanski, de 46 años, en una entrevista reciente.

Alcanzar un éxito perdurable es difícil en la biotecnología. Muchas empresas se quedan sin efectivo y cierran sus puertas antes de completar su investigación, y son muy pocas las que logran que sus medicamentos sean aprobados por los reguladores. Incluso cuando una medicina parece ser efectiva, los efectos secundarios a veces le impiden llegar al mercado. El medicamento de Intercept podría no pasar pruebas complementarias.

“Me quedé mudo”, cuenta Pruzanski cuando se enteró del buen desempeño del medicamento en los ensayos clínicos. “Reconocimos de inmediato que nuestro momento transformador había llegado antes de lo que esperábamos”, agrega el presidente ejecutivo, cuyas acciones y opciones en la empresa tienen un valor que ronda los US$200 millones.

Hasta 2006, Pruzanski operaba Intercept solo. Relata que su familia y amigos le pedían que buscara “un trabajo de verdad” después de no obtener el financiamiento que había solicitado. “Mi hermana me increpó porque jamás iba a ser un emprendedor”, recuerda.

A principios de la década del 2000, Pruzanski se puso en contacto con Roberto Pellicciari, un químico y profesor de medicina italiano de la Universidad de Perugia, luego de conocer su trabajo en el desarrollo de drogas capaces de impulsar el proceso de reparación del hígado. Pruzanski, que habla italiano y otros cinco idiomas, se entrevistó con Pellicciari en Italia en 2002 y acordaron fundar Intercept.

Sin embargo, los problemas no tardaron en llegar. Una inversión de capital de riesgo de US$15 millones no se concretó en el último minuto. Pruzanski invirtió sus ahorros y llenó los cupos de sus tarjetas de crédito.

Luego, una ronda de financiamiento trajo un respiro, al recaudar alrededor de US$3 millones en financiación. Cuando Intercept levantó US$41 millones de compañías como la italiana Genextra SpA en 2006, Intercept tenía menos de US$5 en su cuenta corriente, recuerda Pruzanski.

La empresa salió a bolsa en 2012 y el precio de la acción se duplicó en 2013 gracias al auge de las firmas biotecnológicas en general y algunos resultados positivos de pruebas clínicas, entre otros motivos. Además de Genextra, su principal accionista, el fondo de cobertura SAC Capital Advisors LP y su división Sigma Capital Management LLC también tienen participaciones.

Justo antes de que los resultados de la prueba de los Institutos Nacionales de Salud se hicieran públicos, Intercept se había cambiado de sede y ahora sus oficinas están en la misma calle que las de Google Inc. en Nueva York.

Cuando su capitalización de mercado se disparó, aún había muchas cajas que desempacar y nadie había colocado ningún letrero en la puerta de la oficina. “Es un negocio riesgoso”, reconoce Pruzanski. “La mayoría de las biotecnologicas quiebra y muchos de los medicamentos fracasan en el camino”.

Para Chris Viehbacher, presidente ejecutivo de la farmacéutica francesa Sanofi SA, la gente está tratando de identificar el próximo gran medicamento. Calificó la reacción del mercado a las noticias de Intercept como “notable”.

 Fuente laprensa.hn

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